Trixie Briceño, artista nacionalizada panameña que llegó al país en la década de 1960, decidió dedicarse a la pintura a los 40 años. Desde entonces comenzó a construir un universo visual propio, alejado de las corrientes dominantes de su tiempo.
Su obra se caracteriza por interiores cuidadosamente organizados: mesas, estanterías, jardines y estructuras arquitectónicas donde objetos cotidianos, huevos, frutas, vasos, cajones, corazones y flechas, se disponen con una precisión casi ritual. En medio de un siglo marcado por guerras, migraciones e inestabilidad política, la artista optó por crear sistemas visuales donde el orden funcionara como refugio.
Aunque su trabajo ha sido vinculado al surrealismo y al imaginario faux-naïf, la exposición propone una lectura más amplia: la repetición rítmica, la composición estructurada y los campos cromáticos planos revelan una disciplina formal que transforma el desarraigo en equilibrio visual.

